¿ Quien habla de paz con la espada en la mano?

Acepta tu realidad y aprende a vivir con ella.

jueves, 18 de noviembre de 2010

MI HEROÍNA

                        Fundamentación.
Según el diccionario una de las acepciones de la palabra héroe es “El que se distingue por sus cualidades o acciones extraordinarias”.
Mi nona, como yo llamaba a mi bisabuela fue una persona que tuvo una vida muy dura. Creció en la pobreza, conoció el miedo de tener que correr a refugiarse de las bombas durante la guerra, tuvo su primer hijo en medio del hambre de la posguerra, se separó de todos sus seres queridos en busca de un futuro mejor para su familia, sufrió el desarraigo, soportó una larga y dolorosa enfermedad, y, a pesar de todo nunca renegó ni se quejó de la vida; y tuvo una infinita capacidad de amor para dar a los suyos.
       Origen del héroe.
Se llamaba Carmela Francé. Nació en Pizzoni, un pueblito de Italia del Sur, el 8 de Diciembre de 1925.
              Historia familiar.
Hija de Felipe y Anunciada, un matrimonio de campesinos que sobrevivían gracias a la agricultura. Se crió con su abuela, a quien adoraba, dado que sus padres trabajaban todo el día en el campo. Muchas veces me contó con nostalgia, cómo esperaba en medio del campo que su mamá llegara de trabajar.
Cuando tenía dos años su padre se trasladó a Roma para conseguir un mejor trabajo y enviarles dinero, por lo que se crió sin su presencia. Recién a los nueve años se reencontró con él, aunque siempre, según me decía lo sintió como un desconocido. Sufrió mucho el tener que separarse de su abuela materna. En Roma compartían un departamento con sus abuelos paternos y tíos. Allí nacieron sus cinco hermanos: Vicente, Rosina, Orlando, Romano y Gino. Su adolescencia en Roma transcurrió llena de responsabilidades, ya que debió hacerse cargo de sus hermanos.
Una cruel guerra llenó de miedo su juventud. Tenía quince años y se desata la Segunda Guerra Mundial… y, a pesar de los años transcurridos, recordó cada día de su vida el sonido de la sirena que anunciaba que debían correr a esconderse al refugio. Creo que ese fue el recuerdo más vivo que pudo contarme. El resto de ese período es una incógnita ya que la nona nunca quiso hablar de eso.
Ya con veintiún años y, en medio de la desolación, la desesperanza y el hambre de la posguerra, encontró; o mejor dicho, se reencontró con el amor.
Mi nono, Francisco, era del mismo pueblito que ella y se conocían de niños. Cuando se desató la guerra estaba haciendo el servicio militar por lo que debió quedarse a pelear durante cinco años, pero esa será otra historia.
Luego de unos meses de noviazgo decidieron casarse, y, como Roma estaba destruida debieron vivir, igual que muchas personas, junto a su familia en una escuela que albergaba a los que habían perdido sus casas.
Después de dos años quedó embarazada de su primera hija, mi abuela Mirella. Creo que habrá sufrido mucha hambre, ya que no se cansaba de contar que no le querían dar la doble ración de comida que les tocaba a las embarazadas, porque estaba tan flaquita que no le creían.
Apenas tenía un año su hijita, mi abuela, cuando mi bisabuelo decidió dejarlas para viajar a América en busca de un futuro para su familia.
Ya en Argentina, trabajó muy duro durante dos años para poder pagarles el pasaje que las traería junto a él. Mi abuela me contó que recuerda que el barco en el que viajaban estaba entrando al puerto y su mamá le dijo: - Mirá ese señor que tiene el chocolate en la mano es tu papá-.
La vida en Argentina no fue fácil: otro idioma, otra cultura y los afectos ¡habían quedado tan lejos! Primero alquilaron una habitación en un conventillo de Lomas de Zamora, pero después de algunos años de trabajo, pudieron comprar su primera casita.
En el país tuvo cuatro hijos más, uno falleció después de unas horas de vida y el resto mis queridos tíos: Claudio, José y María Rosa.
No era fácil entender a la nona, nunca aprendió bien el castellano. Tampoco era de hablar mucho, pero tenía gestos únicos en los que demostraba todo lo que nos amaba.
Mi abuela me contó que cuando nació mi mamá, Silvana, su primera nieta, ella estaba preocupada por saber si llegaría viva a sus quince años. Por suerte no sólo llegó sino que pudo estar en los quince de su bisnieta, yo.
Ya estaba muy enferma, tenía ochenta y cuatro años y hacía diez que había perdido al nono y dos que había perdido en forma repentina a Claudio, su hijo más querido.
Los últimos tres meses de vida los pasó internada en un hospital, sufriendo terribles dolores. Sin embargo cada vez que la íbamos a ver tenía una sonrisa y unas palabras de aliento para nosotros.
El último día que la vi estaba con sus ojitos cerrados en una camilla. Me senté a su lado y le hablé. Le dije que Gonza, mi hermanito, empezaba primer grado; que yo había rendido bien la materia que me había llevado porque se lo había prometido a ella. Le toqué su manito arrugada y también acaricié su frente y su cabello de color gris. La besé varias veces y le dije lo mucho que la amaba y lo importante que era en mi vida. Todavía tenía ese olor tan suyo y no olor a hospital. No pude aguantar el llanto. Le dije que me tenía que ir y la besé por última vez. Mis últimas palabras hacia ella fueron: “-chau nona, sos una gran persona y sabés lo mucho que te amo.” Le sonreí y salí de la habitación desesperada. No paraba de llorar, me encontré con mamá y me abrazó fuerte. Yo sabía que mi nona no estaba bien.
Llegué a casa y escribí en mi facebook debajo de la última foto que nos tomamos juntas en su cumpleaños.
La mañana siguiente mamá me despertó tocándome y acariciándome la pierna. La miré y me dijo “se murió la nona”. Un flash de recuerdos vino a mi mente ¡qué gran mujer Carmela! Y ya no te tengo para abrazarte, ni escucho tu voz: mezcla italiana y castellano, ni huelo tu perfume. Pero estas siempre en mi corazón y le doy gracias a la vida por haberte conocido.
              Hechos heróicos.
La partida de su padre, la Segunda Guerra Mundial, el hambre de la posguerra, el nacimiento de su primera hija, la partida de su esposo a América, la emigración a Argentina, el fallecimiento de su esposo y su hijo, y su enfermedad. 
 Conclusión.
Por todo lo que sufriste y soportaste. Porque fuiste la persona más buena que conocí. Porque nunca te quejaste de lo que te pasaba. Porque siempre que nos veías te ponías contenta. Porque lo único que te importaba era que estuviéramos bien. Porque tratabas de darnos todos los gustos. Porque me transmitiste valores como el esfuerzo y el trabajo. Porque fuiste una gran persona… Porque hace seis meses que nos dejaste y no podemos dejar de extrañarte. Sos mi heroína y éste es mi homenaje.
Te amo nona y te extraño todos los dias! :(

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